viernes, 11 de noviembre de 2011

Sin miedo al pluralismo

Es bien sabido que nuestro sistema electoral fue diseñado para favorecer la formación de mayorías amplias en las Cortes. Tanto la redacción de la Constitución como su desarrollo posterior van encaminados en ese sentido. Se temía la formación de unas Cortes muy fragmentadas, lo que en aquellos momentos tal vez fuese un temor comprensible, pero infundado. En las primeras Cortes salidas de las elecciones generales de 1977 no hubo mayoría absoluta, y sin embargo fueron capaces de elaborar una Constitución con un amplio acuerdo y que, con todos los defectos que ahora podamos y queramos achacarle, ha posibilitado más de tres décadas de paz social, estabilidad política y desarrollo económico. Tampoco hubo mayoría absoluta en las primeras Cortes formadas en 1979, tras la entrada en vigor de la Constitución, y fueron capaces de completar la transición democrática y el desarrollo esencial de la Constitución. Y todo ello en un contexto de crisis económica, terrorismo y acoso de los nostálgicos del anterior régimen.

Pese a ello los actuales partidos mayoritarios, el PSOE  y el PP, siguen insistiendo en la necesidad de lograr mayorías absolutas para dotarnos de estabilidad. Me parece obvio que su interés real es otro: perpetuarse en el poder haciendo desaparecer o reducir a la insignificancia al resto de partidos. No es más que ambición de poder y miedo al pluralismo. Y ni siquiera entraré a discutir si de verdad una mayoría absoluta proporciona más estabilidad, porque aunque fuera cierto tiene su peligrosa contrapartida.  A Felipe González se le acusaba, y no sin razón, de aplicar el rodillo. Pero el autoritarismo con que gobernó Aznar en su segunda legislatura, su desprecio absoluto no sólo a las demás fuerzas políticas sino a la voluntad de los ciudadanos, deberían ser argumento suficiente contra las mayorías absolutas.

Los dueños del poder tienen miedo al pluralismo, pero nosotros no deberíamos tenerlo. Un Congreso sin mayoría absoluta significa un Gobierno que no puede hacer y deshacer a su antojo, sino que tiene que rendir cuentas. Un Congreso sin mayoría absoluta significa leyes que no son dictadas unilateralmente por la cúpula de un solo partido, sino que deben ser escuchadas el resto de fuerzas. Un Congreso plural significa un Congreso en que no sea posible que dos hombres modifiquen la Constitución. Porque hay que decirlo, lo que hicieron Zapatero y Rajoy fue posible porque los restantes partidos no sumaban el 10% de los diputados necesarios para exigir un referendum, aunque sí fueron elegidos con más del 10% de los votos válidos, incluso sin contar con los partidos que hubieran debido tener representación y no la tienen.

Estamos convocados para votar dentro de diez días, y nos enfrentamos a una situación muy difícil y a unas perspectivas nada halagüenñas, por no decir temibles. Ante la degradación que sufre nuestra democracia hay voces que llaman a manifestar nuestro descontento mediante la abstención o el voto en blanco, pero eso no solucionará nada. Nunca se ha solucionado nada quedándonos en casa. Yo, por el contrario, llamo a votar. Y a votar sin miedo al pluralismo.

Creo, con toda sinceridad, que debemos votar a los partidos que ofrecen alternativas a las políticas fracasadas que nos están poniendo en la misma senda que Grecia. A los que todavía podemos tener la esperanza de que no sobrepongan los mercados a las personas. Sé que ninguno de ellos tiene posibilidad de gobernar, pero cada escaño que logren será un escaño que gane la democracia. Espero que consigan, al menos, los suficientes para impedir nuevos desmanes como el que tan recientemente hemos vivido.

El veinte de noviembre, sin miedo al pluralismo ¡Vota!


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